El éxodo obligado

Para quienes crecimos en Pichilemu y en la provincia Cardenal Caro, acceder a la educación superior nunca ha sido el paso natural que debería ser: es un dilema vital. Un punto de inflexión que marca, para la gran mayoría, el inicio de un éxodo ineludible. Estudiar, que debería ser sinónimo de desarrollo personal y local, se convierte tempranamente en un pasaje de salida. Esta dolorosa realidad ha marcado a generaciones enteras.

Nuestros niños y jóvenes se esfuerzan en escuelas y liceos que cumplen un rol fundamental, pero al dar el salto a la educación superior, la realidad golpea de frente: ni Pichilemu ni la provincia tienen universidades. Para nosotros, la academia siempre queda lejos. A los 17 o 18 años, cientos de jóvenes deben empacar sus vidas, dejando atrás sus casas, sus familias, sus villas y sus raíces. Algunos vuelven; un importante número no. El resultado es evidente: nuestro territorio sufre una fuga constante de talento y, con ello, hipoteca su propio futuro.

Durante años he defendido una idea que algunos tildan de ambiciosa, pero que hoy sostengo con más firmeza que nunca: Cardenal Caro necesita urgentemente una sede universitaria. No la exigimos como un premio de consuelo ni como un acto simbólico, sino como la herramienta estratégica fundamental para romper, de una vez por todas, este ciclo de desigualdad territorial.

Ya he planteado la viabilidad de instalar una sede de la Universidad Regional en nuestra provincia. Y lo repito fuerte y claro: no estamos pidiendo un lujo, estamos exigiendo equidad. Cachapoal tiene sedes. Colchagua tiene sedes. ¿Por qué Cardenal Caro sigue siendo postergada?

Mientras carezcamos de esta infraestructura, la educación seguirá actuando como una fuerza que expulsa juventud, sueños y energía hacia otras latitudes. Con una universidad local, en cambio, la formación académica se transformaría en una raíz profunda: un polo de atracción que retenga a nuestros talentos y, al mismo tiempo, proyecte conocimiento, ciencia e innovación desde y para nuestro territorio.

Cardenal Caro reúne todas las condiciones para convertirse en un centro académico. Hoy más que nunca, debemos erradicar el viejo paradigma de irse para poder surgir. La educación no puede seguir siendo un factor de desarraigo; debe ser el motor indiscutido del progreso local, la movilidad social y la integración.

Imaginar a un joven pichilemino ingresando a una carrera universitaria sin verse forzado a abandonar su hogar, es imaginar un futuro más justo. Imaginar a profesionales formados en nuestra tierra, trabajando, creciendo aquí, es visualizar una provincia que se despoja del eterno rótulo de la más postergada para erigirse como un verdadero motor de innovación regional.

La educación debe ser una herramienta para construir comunidad, no un motivo para abandonarla. En Cardenal Caro, por demasiado tiempo, nos ha tocado sufrir lo segundo. Ya es hora de reescribir nuestra historia.

DIEGO GREZ CAÑETE
Periodista y estudiante de Derecho