“¡Cómo galopa la tarde con su cántaro de lágrimas!”, escribió Joel Marambio, dejando en sus versos la huella tibia de una provincia que respira entre viñas, estaciones lluviosas y silencios antiguos. En homenaje a ese poeta, después diputado, que supo mirar la vida cotidiana con una mezcla de nostalgia y lucidez, nace este espacio: Vendimia interior.
Se trata de una cosecha íntima: de ideas, historias, memorias y preguntas sobre lo que somos como territorio. Así como Marambio retrató al campesino “ceñudo, sudorosas las sienes, devorando pan duro”, este blog busca iluminar esas realidades que a menudo permanecen en los márgenes: la postergación por el centralismo, la falta de oportunidades, los desafíos en salud, educación y conectividad, la defensa del borde costero y el valor de nuestra cultura local.
Vendimia interior es un cuaderno abierto donde confluyen reflexión, memoria y futuro. Un lugar para detenerse, pensar el terruño y escribir desde él; para mirar el pasado sin idealizarlo, el presente sin conformismo y el futuro con esperanza.
Y aunque este blog ya lleva algunos años con este nombre, valía la pena explicar su origen y renovar su sentido. Porque esta página no nació así. En 2011 vio la luz bajo el nombre Bodoque en una silla, un espacio espontáneo, juvenil, íntimo. Lo retomé en 2015 y lo he visto crecer, transformarse, buscar su propia voz. Hoy, a mis 31 años, comienza una etapa distinta: más madura, más consciente de su raíz y de su propósito.
Porque, como dijo el literato colchagüino Gonzalo Drago, “cuando la vocación es fuerte, avasalladora, no puede detenerse”. Y la vocación de este blog es justamente esa: mirar hacia adentro para transformar hacia afuera.
Bienvenido a esta vendimia que comienza en el alma.

