Este sábado escucharemos en Lado A / Lado B el debut de The Knack. En 1979, cuando el punk comenzaba a disiparse y la new wave asomaba como el nuevo pulso urbano, una banda de Los Ángeles irrumpió con un disco que parecía mirar al pasado, pero sonaba peligrosamente fresco. Get the Knack, el álbum debut de The Knack, no solo se convirtió en un éxito inmediato: fue una declaración de principios sobre el poder de la canción pop bien construida, directa y sin adornos innecesarios.
Formados en el circuito de clubes del Sunset Strip, The Knack eran un cuarteto obsesionado con la melodía, las guitarras brillantes y la energía de la British Invasion. Su propuesta bebía sin pudor de The Beatles, Buddy Holly y el garage rock de los años sesenta, pero lo hacía con la urgencia y la velocidad de finales de los setenta. Ese equilibrio fue clave para que Capitol Records apostara fuerte por ellos tras una feroz disputa entre sellos.
El álbum fue producido por Mike Chapman, conocido por su trabajo con Blondie y por su habilidad para transformar canciones simples en artefactos radiales perfectos. Grabado con rapidez y precisión, Get the Knack suena compacto, dinámico y casi sin respiro: doce canciones que entran directo al oído y no sueltan.
El fenómeno estalló con “My Sharona”, un single que se transformó en una de las canciones más reconocibles de la historia del rock. Su riff inicial, su ritmo casi funky y su interpretación vocal desbordada la llevaron al número uno del Billboard durante seis semanas, convirtiendo al disco en un éxito masivo. Pero reducir Get the Knack a ese tema sería injusto.
El álbum funciona como una unidad sólida. Canciones como “Let Me Out”, “Good Girls Don’t” o “That’s What the Little Girls Do” condensan la esencia del power pop: estructuras simples, estribillos memorables y guitarras al frente. Otras, como “Oh Tara” o “Maybe Tonight”, revelan un costado más melódico y nostálgico, donde la influencia beatle se hace explícita. Incluso hay espacio para homenajes directos, como el cover de “Heartbeat” de Buddy Holly, que refuerza el diálogo permanente del disco con la historia del rock & roll.
Visualmente y conceptualmente, Get the Knack también fue una provocación. Su estética —blanco y negro, poses simples, aire retro— reforzó la idea de una banda que no pretendía reinventar nada, sino recordarle al mundo que el pop podía ser directo, juvenil y tremendamente efectivo. Esa misma postura les valió críticas por su aparente falta de “originalidad”, aunque el público respondió con entusiasmo inmediato.
Más de cuatro décadas después, Get the Knack sigue siendo un debut ejemplar: breve, contundente y sin relleno. Un disco que captura el instante exacto en que una banda encontró la fórmula perfecta entre pasado y presente, y la ejecutó con una convicción arrolladora.
Escuchar Get the Knack hoy es volver a sentir la electricidad de una primera vez. Un recordatorio de que, a veces, tres acordes, una buena melodía y una actitud honesta son más que suficientes para hacer historia.

