El 14 de febrero de 1906 falleció en Leysters, Middleton-on-the-Hill (Herefordshire, Reino Unido), George Cooke, mi cuarto bisabuelo. Han transcurrido 120 años desde su muerte, y su figura continúa presente en la memoria de un hombre cuya vida estuvo marcada por la integridad, la constancia y el respeto de su comunidad.
George Cooke nació hacia 1824 en Middleton y fue bautizado el 9 de mayo de ese mismo año. Vivió prácticamente toda su vida en el mismo entorno rural —Middleton, Leysters, Kimbolton y Bromyard—, desarrollando una existencia profundamente vinculada al territorio. La valoración que sus contemporáneos hicieron de George Cooke quedó claramente expresada en su obituario. The Leominster News, en su edición del viernes 28 de febrero de 1906, señaló: “La noticia del fallecimiento del Sr. George Cooke, de Laysters Pole, ocurrido el día 14 del presente mes a la avanzada edad de 88 años, fue recibida con gran pesar en toda la parroquia. Fue un hombre activo en esta y en las parroquias vecinas; durante algunos años se desempeñó como recaudador de impuestos y supervisor asistente, siendo muy conocido en todo el distrito. Era muy respetado por todos los que le conocieron.”
Estas palabras retratan a un hombre confiable y cercano. Los cargos que desempeñó —recaudador de impuestos y supervisor asistente— exigían honestidad, criterio y un trato permanente con los vecinos. En comunidades rurales como Middleton-on-the-Hill, estas responsabilidades solo recaían en personas cuya conducta inspiraba confianza.
En el ámbito político, George Cooke mantuvo una postura clara y sostenida. El mismo obituario destaca que “se mantuvo firme en sus principios políticos como Liberal y prestó un buen servicio a su partido, pero su carácter era tal que se ganaba la estima de todos los sectores”. Esta capacidad de combinar convicciones firmes con respeto personal fue una de sus cualidades más notables, y explica el aprecio transversal que generó en su entorno.

George Cooke contrajo matrimonio en dos ocasiones. En diciembre de 1849 se casó con Mary Pugh, quien falleció en 1856. En abril de 1860 volvió a casarse con Mary Ann Preece (también mi antepasada), en la Independent Chapel de Bromyard. El anuncio matrimonial fue publicado por The Hereford Journal el miércoles 20 de junio de 1860: “COOKE—PREECE.—Recientemente, en la Independent Chapel de Bromyard, por el reverendo John P. Jones, el señor George Cooke, de Laysters, cerca de Leominster, contrajo matrimonio con la señorita Mary Ann Preece, de Bromyard Downs”.
La Independent Chapel, construida en 1701, fue durante siglos un espacio central para la vida religiosa de la zona. Hoy, ese mismo edificio sobrevive como The Chapel Gallery, una galería de arte contemporáneo que mantiene vivo el carácter histórico del lugar, enlazando pasado y presente. En ese espacio se selló una unión que dio origen a una extensa familia y a una historia que trascendería fronteras.
Una fotografía tomada en 1897, durante el matrimonio de Joseph Cooke y Rhoda Holt, ofrece una mirada íntima a la familia en su madurez. Es una imagen de continuidad, de generaciones que se suceden y de vínculos consolidados. Ese mismo año falleció Mary Ann Preece, compañera de vida de George durante casi cuatro décadas, marcando el inicio de sus últimos años.
Entre los hijos de George Cooke se encuentra William George Cooke (1866–1903), mi trastatarabuelo. Nacido y bautizado en Middleton-on-the-Hill, se desempeñó como mecánico y electricista, oficios asociados a la modernidad técnica de fines del siglo XIX. William emigró a Chile y, en 1893, contrajo matrimonio civil en Santiago con Rosa Celia Pérez García, asentándose en la calle Dolores —actual Jesús Diez Martínez, en la actual comuna de Estación Central—. En el país se integró a la Empresa de los Ferrocarriles del Estado, donde ejerció sus conocimientos técnicos en un contexto de expansión y modernización de la infraestructura ferroviaria. Lamentablemente, un accidente le arrebataría la existencia. William falleció el 5 de diciembre de 1903, a los 37 años, en el Hospital de San Vicente de Recoleta, a causa de una hemorragia cerebral.
De vuelta en el Reino Unido, George Cooke le sobrevivió por algo más de dos años. Murió el 14 de febrero de 1906 y fue sepultado en Easton Miles. Su vida estuvo marcada por el servicio y la coherencia entre principios y conducta. A 120 años de su muerte, su memoria permanece viva en una herencia familiar que continúa desplegándose a través de generaciones y geografías distintas.
Recordarlo hoy es reconocer el valor de una vida vivida con dignidad, respeto y sentido de comunidad: cualidades que, más de un siglo después, siguen siendo su legado más perdurable.

